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Quisiera que el sol fuera mi aliado y secara este manantial de
angustia que chorrea por mi corazón. Y así pasando los días, de su débil tallo nacieron negras hojas
y espinas en todo su ser. Tan grande y alta Y así pasando los días, de su débil tallo nacieron negras hojas
y espinas en todo su ser. Tan grande y alta Sol que me alimentaba. Tan mal yo me sentí que quise cortar ese jazmín que con tanto
cariño y tesón yo planté.
Una hacha en mi mano. Me disponía a cortar ese grueso tronco de la planta que se rebeló contra mí, pero cuando miré hacia arriba, vi en cada una de las hojas momentos malos de mi vida. El mundo se me vino encima, comencé a llorar viendo y recordando todo aquello que me había hecho llorar. La angustia contenida ahora explotaba en mi alma. Tantos años, y tantas cosas que atormentaron muchas horas de mi existencia Tal impotencia tuve al ver eso que mi corazón dejó de chorrear
angustia, porque ya no quedaba nada triste. Todo estaba en ese inmenso árbol.
Que lo llenaba todo de sombras. Aunque yo abriera ahora los ojos, no podía ver mi alrededor. Tanta
inmensidad abrumaba todo mi ser. No puede ser. Tal clamor recorría mi mente,
que débil sentimiento emanaba ahora lentamente. El alma partida en dos. El
silencio. La desolación. Esa oscura sombra, me hizo pensar locuras. Pero una mínima
esperanza vislumbraba un caminito hacia el oeste.
Seguí esa senda marcada por piedrecillas blancas. Entretenido
caminando, me alejé del árbol, pero su sombra aún alcanzaba el horizonte.
Entonces, una paloma blanca se posó a pocos metros de mí. Picoteó el suelo,
hizo un pequeño agujero y luego levantó el vuelo. Yo extrañado, me acerqué y vi que no había nada. Por un momento
mi cabeza había visto una ayuda divina. Pero no fue así. Y me postré de rodillas, un escalofrío recorrió mi espalda, mi cabeza. Que sentimiento más angustioso. Fue tanto así que una lágrima de ojo rodó por mi cara y cayó en el agujero. Seguí llorando... Un momento después, la lágrima se había secado en el suelo, y al instante empezó a brotar una planta de tallo reluciente, como si fuera de cristal Yo absorto, quise tocarla, para ver que planta era. Era muy bonita, aún pequeña y delicada, me hizo sentir compasión. Yo absorto, quise tocarla, para ver que planta era. Era muy bonita, aún pequeña y delicada, me hizo sentir compasión. Compasión de ver como una flor tan pequeña se hace lugar, se hace valer en este mundo tan oscuro.
Y alargué mi mano para tocarla, acariciarla. Una sonrisa se
dibujaba en mi cara. En cuanto la toqué, comenzó a crecer estrepitosamente, me enredó
entre sus hojas y me empezó a elevar. Rápido hasta el cielo, el viento en mi cara, hacia arriba. Vértigo
de altura. Estabamos a punto de sobrepasar las sombras del árbol de la angustia ¡Y lo sobrepasamos! ¡Volví a ver el sol con todo su esplendor! Una sensación de lleno interior, una paz inmensa comenzó a expandirse por todo mi cuerpo. Serenidad Volví a llorar, pero esta vez de alegría. Y lo mejor de todo es
que no sabía el por qué. Cuando miré hacia abajo descubrí la razón... La planta que me había elevado, contenía en cada una de las hojas, todos los momentos buenos de toda mi vida
Y eso me llenó de satisfacción y alegría. Porque de esta manera, me enteré por mi mismo que por muy mal que
a veces puedan ir las cosas, siempre los momentos buenos superarán siempre a
los malos. Y el bien triunfará sobre el mal. Porque de esta manera, me enteré por mi mismo que por muy mal que
a veces puedan ir las cosas, siempre los momentos buenos superarán siempre a
los malos. Y el bien triunfará sobre el mal. l final, tan alto creció la planta, que acabó desplomándose sobre el árbol de la angustia, y todas las hojas con los malos recuerdos quedaron ocultas por las hojas de la planta de los buenos momentos. Y es así como comencé a experimentar la felicidad. Sería que fui débil porque me olvidé de lo fuerte que soy. Por Un amigo de mpositivas
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