|
El
dragón y la joven Un
gran dragón vivía solo en una oculta región. Vivía con su familia, pero Tan
sólo sentía dolor, añoranza y gran temor. Hasta
que cierto sombrío día decidió, volar tras las nubes hasta el mundo inferior. Arrancó
sus escamas y de blanco se vistió, surcando el cielo estrellado, a extraño
lugar llegó. Claridad de una noche lunar, le ayudó a contemplar, como junto a una destartalada fuente una joven no dejaba de llorar.
Acercósele sigiloso, y le fue a preguntar: ¿Cómo tan bella muchacha no cesa de llorar? A
lo que ella asustada contestó: ¿Quién sois vos, y qué os interesa mi desventura? El
dragón, encantado por su melodiosa voz, quiso impresionarla con enorme valor,
proponiéndole así, este mensaje de amor:
Linda muchacha que en la noche desahoga su dolor, dime si
aceptas
Proceded gran espíritu, que os escucho con gran atención.
La
muchacha confusa contestó: ¡OH gran dragón! No podéis
librarme de mi pena, porque fue algo que ocurrió y no tiene solución. Mas yo no podría compartir el
infinito con un ser que no es igual a mí. Dos mil formas hay de
amar pero yo a ti nunca te podría aceptar.
Preciosa niña, deshaces en mí toda ilusión. Pues yo contigo quisiera
ser feliz y no importa que yo sea dragón.
Destruyó todo cuanto yo tenía: familia, casa, caballos e ilusión.
No atormentes tu cabeza y no cierres tus grandes ojos, que tienen
la luz que me falta.
Lo que has de hacer es empezar a olvidar tu amargo pasado
y abrir de nuevo tu bondadoso corazón. Que seguro en un cercano futuro
encontrarás a un buen señor, que te aprecie tanto como lo hiciere
yo. Gracias amigo dragón, admiro tu buena intención. Haré caso de tu sabio consejo y buscaré a un buen hombre que no quiera dañar mi
corazón.
Feliz quedaré si consigues encontrar a ese galán ideal. El
dragón volvió su corrompido rostro y caminando lento, desplegó sus alas
provocando fuerte viento. Voló alto, era una recortada silueta que se alejaba
hasta el firmamento.
La
joven sentada junto a la fuente acariciaba sus aguas. Risueña quiso ver su
imagen reflejada, con tal mala fortuna que resbaló y golpeándose la cabeza,
bajo el negro manto del agua quedó. Gélida,
pálida, sumergida permaneció, sólo un escalofriante fulgor fue recorriendo su
espalda, hasta que sus ojos lentamente se cerraron. El
dragón, desde las alturas, al ver a la joven sin vida se lanzó empicado contra
la fúnebre fuente, con una larga llamarada de ardiente fuego en sus fauces. Loco
de rabia, de sus garras relámpagos sacó, de sus verdes ojos lágrimas
punzantes y desgarrando su corazón se transformó en chispeante humo.
Subiendo
de nuevo al cielo, con la muchacha entre sábanas de algodón, el dragón
desencadenó toda su fuerza, asustando a todos los que dormidos estaban. Pero
cuando el sol nació, y vio tal vibrante situación, lanzó sus rayos contra el
alma del dragón apagando su terrible furia. Tanta
energía se liberó que el cuerpo de la joven con el del dragón se fundió,
cayendo sobre la tierra en forma de semilla, que más tarde germinó dando lugar
a la más bella flor.
|