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Un hombre, su caballo y su perro
caminaban por una calle. Después de mucho andar, el hombre se dió cuenta que
tanto él, como su caballo y su perro habían muerto en un accidente (a veces
los muertos se toman su tiempo para comprender la nueva condición). La caminata era muy larga, montaña
arriba; el sol era fuerte, y ellos estaban cansados, sudados y tenían mucha
sed. Necesitaban desesperadamente agua.
- Buenos días, le dijo. El guardián se limitó a menear la
cabeza negativamente. El hombre quedó muy desilusionado, porque su sed era
grande, pero decidió no beber si sus amigos no podían hacerlo. Así que
prosiguió su camino. Después de mucho caminar montaña arriba, con sed y
cansancio multiplicados, llegaron a un sitio cuya entrada estaba marcada por una
vieja puerta entreabierta. La puerta se abría hacia un amplio camino de
tierra, con verdes árboles a ambos lados que brindaban buen cobijo del sol. A
la sombra de uno de ellos había un anciano de blanca barba, apoyada sobre el
tronco; parecía adormilado, con la cabeza cubierta por un sombrero. El
caminante se aproximó.
- Buenos días, le dijo. El hombre, el caballo y el perro fueron
hasta el manantial, y finalmente pudieron calmar la sed y refrescarse. Al volver
hasta donde estaba el anciano, el hombre le agradeció. - Pueden volver cuando quieran, fue la
respuesta.
El caminante quedó perplejo. - Pero entonces, ¡¡¡ esa es una
información falsa, y puede causar grandes confusiones!!! - De ninguna manera, respondió el
anciano. El Anillo. Vengo,
maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me
dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo
puedo mejorar? ¿Que puedo hacer para que me valoren más? El maestro sin mirarlo, le, dijo: - Cuanto lo siento muchacho, no puedo
ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después. y haciendo
una pausa agrego: - Si quisieras ayudarme tu a mi, yo podría resolver este problema con mas rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
- E. . . encantado, maestro- titubeó
el joven, pero sintió que otra vez era desvalorizado, y sus necesidades
postergadas. Bien, asintió el maestro. Se quito un
anillo que llevaba en el dedo pequeño y dándoselo al muchacho, agrego - toma
el caballo que está allá afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo
que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por el la mayor suma posible,
pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo mas rápido
que puedas. El joven tomó el anillo y partió.
Apenas llego, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con
algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.
Cuando el joven mencionaba la moneda de
oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y solo un viejito fue tan
amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy
valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En el afán de ayudar, alguien le
ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenia
instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazo la oferta. Después de ofrecer su joya a toda
persona que se cruzaba en el mercado mas de cien personas, abatido por su
fracaso monto su caballo y regreso. Cuanto hubiera deseado el joven tener el mismo esa moneda de oro! Podría entonces habérsela entregado el mismo al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.
Entró en la habitación. - Maestro -dijo- lo siento, no se puede
conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de
plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor
del anillo. Que importante lo que dijiste, joven amigo- contestó sonriente el
maestro. Debemos saber primero el verdadero
valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. Quien mejor que el para
saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por el. Pero no importa lo que ofrezca, no se
lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo. El joven volvió a cabalgar. El joyero examino el anillo a la luz del candil con su lupa, lo peso y luego le dijo: Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle mas que 58 monedas de oro por su anillo.
-¡ ¡ ¡ 58 MONEDAS ! ! ! Exclamó el
joven. Sí, replico el joyero- yo sé que con
tiempo podríamos obtener por el cerca de 70 monedas, pero no sé. . . si la
venta es urgente. . . El joven corrió emocionado a la casa
del maestro a contarle lo sucedido. Siéntate- dijo el maestro después de
escucharlo - Tu eres como este anillo: Una joya, valiosa y única. Y como tal,
solo puede evaluar verdaderamente un experto. ¿Que haces por la vida
pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Dedicado especialmente a mis amigos, que se esfuerzan día a día por pulir la joya que son y descubrir su verdadero valor. . "Nadie te puede hacer sentir inferior sin tu consentimiento" SIEMPRE RECUERDA LO MUCHO QUE TU VALES,
AUNQUE QUIZAS, ALGUNAS PERSONAS A TU ALREDEDOR NO TE LO DEMUESTREN |