1- EL TÍTERE TRISTE


El parque infantil estaba muy concurrido. Se presentaba un teatro de títeres aquella tarde y los niños esparcidos entre el césped, los parasoles y los árboles, semejaban flores multicolores que llevaba el viento de un lugar a otro. Una niña contemplaba el trajín con ojos azorados.
Se había sentado al borde de una fuente, en donde dos o tres chicos hacían navegar un barquito de velas, que se mecía en las azules ondas y trataba de perseguir a los pececillos de colores; más su atención no pertenecía a la fuente ni al barquillo sino, a la pérgola en donde se levantaba el pequeño teatro ansiado.
Jamás había visto ninguno, jamás había contemplado a un títere de cerca y su emoción no tenía límites. Era una niña muy sola, muy cansada y muy triste... Sus padres no estaban con ella.
De pronto comenzó la hermosa musiquilla que anunciaba el comienzo de la función.
Música ejecutada por un carrillonero que llevaba un monito diminuto atado con una cadenilla de cobre, y que lucía un hermoso turbante anaranjado y un chalequillo gitano, con piedras de colores y oropeles.

La niña, con su modesto vestidito rosa, y su lazo de lunares, se levantó y fue acercándose muy lentamente a la pérgola. La música la hechizaba y sus inmensos ojos azorados lucían brillantes...
Se sentó en cualquier lugar y vio cuando se levantaba el pequeño telón de terciopelo rojo. El escenario estaba oscuro y apenas se podían divisar los caireles que lo adornaban.


De repente, y como por arte de magia se encendió todo, el teatro cobró vida, la música enmudeció y hubo un alboroto de cohetillos chinos que arrancó risas y gritos entre la multitud de niños.
Descendieron los títeres al escenario por órden de jerarquía:

Pepe: El pastor de las ovejas, el más viejo del grupo, el más sabio, el más indeleble.
Anita: La nieta de Pepe. Linda, rubia, inocente y graciosísima.
Fito: Novio de Anita. Gallardo mozo, trabajador e inteligente. Lleva en la mano una flautita dulce.
Rafo: Pretendiente de Anita. Mozo del campo, astuto y perverso.

Ovejita uno.
Ovejita dos.
Ovejita tres.
Pajarillo azul.
Mariposita pintada.
...Y cobraron vida.


Escena primera:
Comenzó a escucharse la melodía pegajosa y tierna de una flauta dulce.
Sus notas penetraban en el corazón de quién la escuchara; era alegre y a la vez tristísima, llena de sueños y de amor...Anita corrió hasta la cumbre de un promontorio en donde podía tocar las nubes con las manos. Miraba a un lado y a otro para orientarse con la melodía que escuchaba. De repente , un pajarillo azul se posó en una ramita cercana.
-Pajarillo azul, dime en donde está Fito. Oigo su flauta más no logro verlo...
-Está al borde del bosque loco de amor y esperándote...
-Córro enseguida a besar su boquita de miel y a estrechar sus manos hermosas...
Gracias pajarillo azul; Y le envió un beso.
Anita corría por entre los árboles y las flores pintadas, cuando se encontró de improviso con Rafo, que la esperaba escondiéndose tras la sombra de los arbustos.
-AAy! grito Anita, quién éres que me asustas asi?
-Soy Rafo, y te traigo un nido de alondras con dos pichones bellos...
-Robaste un nido? No lo quiero, devuelvelo a sus padres que deben estar llorando por sus polluelos...
-No lo quieres? Me desprecias?
-Si, Rafo. Amo a Fito el que toca melodías en su flauta y hace renacer la vida y lleva el perfume de las flores y lo esparce con sus notas, por el campo todo...
-Pues has de ser mía! Y Fito pagará por esto!
-Noooooo!
-Siiiiiiiiiiiiii!
Y desapareció corriendo con su puñal de monte atado al cinto.
-Pues yo no quiero vivir... Si Fito muere yo he de morir también...
Y sin pensarlo dos veces, Anita se arrojó al manantial que la recibió entre las burbujas de espuma de sus aguas fresquísimas y un tanto dulzonas...


Escena segunda:
Antes de llegar al corralillo, Pepe llevaba sus ovejas a beber al manantial y se sentaba a descansar sobre el pasto junto a las tranquilas aguas. De repente oyó un balido lastimero:
-Qué oigo? Qué está ocurriendo?
Ovejita uno: -Hay unos rizos rubios flotando en el manantial.
Ovejita dos: -Hay un rumor de pena entre los lotos de la orilla...
Ovejita tres: -Un lazo rosa está pendiendo de una ramita del manglar...
-Dios mío! que me dicen? Ovejitas mías, llévenme allá...
-Ovejita uno: -Corre buen Pepe. Que Anita ya no vive!

Escena tercera:
Una losa blanca con su crucecita de palo de naranja. Dos o tres ramitos de flores húmedos de lágrimas y suspiros, y la cajita rosa donde yacía Anita, la niña hermosa de rubios bucles y corazón de oro.
Pepe estaba a su lado, con la cabeza baja y su gorra entre las manos.
Fito tocaba una triste melodía que llenaba el espacio, mantenía la luz del sol y esparcía la brisa que llevaba su llanto musical hasta los rincones más recónditos del bosquecillo; mientras no dejaban de caer las lágrimas de sus ojos, sobre la losa blanca, sobre las flores multicolores, sobre la carita de rosa de la niña muerta, sobre su corazoncito que ya no latía....
-Vé, Fito, vete lejos un tiempo, para que el alma de Anita pueda llegar al cielo y seguir amándote desde allí...
-El pajarillo azul, me contó que el culpable fue Rafo, he de vengar a mi pobre niña...
-No, Fito, la venganza es mala y duele y aturde... Déjalo, que él sólo pagará su culpa y será muy infeliz, pero tú, por el recuerdo que te acompaña, serás más bueno cada día, más útil y más bello...
-Así lo haré, bueno y sabio Pepe.
Y se alejó tocando su flautita dulce....
Escondido tras los arbustos, Rafo dejaba que sus lágrimas lavaran su culpa...

La mariposita pintada, revoloteó sobre la niña y acompañó su almita a subir al cielo...
Los títeres hicieron una reverencia y el silencio se rompió con los pitos y los aplausos, mientras subían izados por sus crucetas y desaparecían del escenario. Al poco rato todo quedó vacío y en silencio. Solo la niña, con su vestidito rosa y su lazo de lunares permanecía sola y callada sentada en la pérgola con sus ojazos mirando la tarde... Pero había alguien más ahí. Sintió su presencia, y se volteó; Allí estaba Fito con su flautita dulce y su carita melancólica.
-Te pareces a ella...
-La niña no se inmutó. Lo esperaba, y le quitó la cruceta y le tomó las manitas y lo llevó a la fuente, donde aún estaba el velerito que habían olvidado los niños, y los dos se embarcaron y se alejaron dándole vueltas a la fuente.
Ya todo estaba en silencio, sólo se escuchaba la melodía de una flauta y la risa de una niña...
Cayó la noche y la luna alumbró todo el parque. Alumbró la pérgola, y alumbró la fuente...
En sus aguas azules sólo se balanceaba el velerito olvidado...

Margarita.

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 Fecha de actualización-Jueves, 13 de Septiembre de 2007

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