Mentes Positivas

  EL REFUGIO

Después de la larga jornada de este agotador jueves, la pequeña se deja caer sobre el suelo sentada sobre el frió pavimento a su alrededor aun se escucha mucha bulla, el ir y venir de gente, los ruidos de trastes y utensilios que son arrastrados, cargados y golpeados, casi no hay gente ya en la calle, así que la gente de los puestos se afana en recoger cada uno su lugar de venta y ponerlo en orden, limpiando, barriendo y lavando, gritando y ordenando.

         En medio de este bullicio la pequeña se recoge las piernas y las sostiene con las manos mientras coloca su barbilla entre las rodillas y cierra los ojos. Al cerrar los ojos logra apartarse del mundo de repente todo se torna silencio y tranquilidad, esta oscuro, no sabe si es frió o calido, si es de día o de noche, no escucha ningún ruido, esta oscuro pero tranquilo, es lo que necesita, esta agotada, le duelen los pies, las piernas, la cabeza, tiene sueño, todo lo que quisiera es acostarse y dormir, pero no debe hacerlo, debe estar ahí, así que por un momento cierra los ojos y se retira a su refugio, en donde el tiempo no importa y esta solo ella.

         Entonces cierra los ojos y se dirige a su refugio, se sienta en el suelo y se encoge; después de un tiempo se da cuenta de que no esta sola, se percata de que hay mas personas ahí, de momento se sobresalta pues no sabe quien mas pueda estar en el refugio, al tentar un poco puede notar que se ha sentado entre dos hombres, ellos no le hablan y ni siquiera se inmutan cuando la niña los palpa, están callados y absortos, como ella misma lo estaba hasta hace un momento.

         Después de un momento se decide y le pregunta al de la derecha:

-¿Tù también te refugias?

-Si, algunas veces también necesito refugiarme.

Le responde este alzando la cabeza y con ciertos toques de nostalgia, tristeza y melancolía en su voz.

-Sabes a veces es difícil y necesitas un alto en el camino –le dice el que levanto el rostro- algunas veces me siento muy solo y por eso necesito tranquilizarme.

-¿Y tú porque estas aquí? –pregunta la niña al otro hombre el de la izquierda-.

-Por lo mismo –dice y después lanza un suspiro- siempre he estado solo, casi siempre me puedes encontrar aquí, si no fuera por este refugio no se que habría sido de mi hace mucho tiempo, quizá hubiera enloquecido.

-¿llevas mucho tiempo aquí? –Le pregunta la pequeña-

-Mucho, aahh, mas del que podrías contar, he venido aquí antes de que nacieras tú, antes de que nacieran tus padres y tus abuelos, aun antes de que nacieran los abuelos de tus abuelos.

-uhh, eso es mucho tiempo.

- si mucho, mucho tiempo

- Yo vengo aquí cuando me siento sola, cuando ya no soporto lo que pasa en mi realidad, sabes… aahh eso duele mucho.

- Sé lo que es eso, yo llevo mucho tiempo solo, la gente me huye y me tiene miedo, a nadie le importa lo que me pasa, todos me juzgan y nadie se ha preocupado por preguntarme como me siento.

- MMM!! Tampoco a nadie le importa lo que siento, -dice la niña mientras va subiendo de tono su voz y crispa sus puños– solo piden, exigen, ordenan, pero no les importa lo que yo siento. A mis papas solo les importa que pueda trabajar para darles dinero y eso es todo.

 - A mí mi padre me hecho de casa –dice el hombre de la izquierda- hace mucho tiempo, desde entonces no le he visto, desde entonces estoy solo, desde entonces a nadie le importado.

- Mis papas no me han echado de casa, pero a veces quisiera irme, irme muy lejos y que jamás me encontraran, en mi casa todo es muy feo –la voz de la pequeña comienza a quebrarse y lucha por contener sus lagrimas- jamás me han acariciado, ni un beso, jamás han dicho que me quieren, siempre golpes, insultos y exigencias.

- Mi padre no me ha golpeado –interrumpe el hombre de la derecha, habla con voz tranquila pero melancólica- pero he padecido mucho por causa de mi padre, a veces creo que no le intereso o que no me quiere.

- Mis papa me golpea muy fuerte a veces creo que quisiera matarme –la voz se tiñe con el rojo de la ira- que me odia, que no le importo.

- Mi padre jamás me ha tocado, pero si supieras como he padecido por causa suya, me han golpeado, torturado y humillado por causa de su nombre, ¡Y lo ha permitido! –El hombre de la derecha comienza a gritar y a gemir- ¡se los ha permitido!, ¡a permitido que me golpeen, me torturen y me humillen! –Baja su voz y comienza a llorar- ¿Por qué se los ha permitido? ¿Es que acaso no me ama? –después de decir esto el hombre comienza a llorar- y se supone que le debo obedecer y cumplir sus deseos, y sufrir por causa suya ¿es justo?

- Por causa de mi padre estoy aquí, ¡solo! ¡Marginado! -Grita el hombre de la izquierda con rabia e ira- por el estoy lejos de casa, sin amigos, huyendo.

- también por causa de mi padre estoy sola y marginada –gime la pequeña- por su causa no puedo estar jamás bien en ningún lado, todo me da miedo, me incomoda, no me siento a gusto en ningún lado y siento como si no perteneciera a ningún lugar.

- Yo también lo siento –dice el de la izquierda- no puedo estar en casa de ahí me echaron, no puedo estar con los demás hombres, me huyen me tienen miedo, nadie puede comprender todo este dolor que siento dentro, he perdido mi hogar, no tengo a nadie, ningún amigo, nadie que me ame –mientras habla con coraje las lagrimas le corren por las mejillas- nadie puede entender lo que siento, la soledad en la que me encuentro, la tristeza contra la que tengo que luchar día a día.

- He estado en medio de muchos y en su compañía –prosigue el de la derecha- y sin embargo me he sentido tan solo –comienza a correr una lagrima por su mejilla- nadie me escucha, nadie puede comprenderme, no sabes lo que es amar a los que te  rodean y que ellos te den la espalda, que te nieguen. Que les hables y trates de hacerlos entender que lo más grande es el amor, que la única regla que debe regir la vida es el amor.

-La pequeña se acerca a él y trata de abrazarlo, pero el hombre lanza un grito de dolor, mientras ella siente un líquido caliente en su mano, se da cuenta de que ¡es sangre!, el hombre tiene toda la espalda herida.-

- Debe dolerte mucho –le dice la pequeña-

- No mucho, hay ocasiones en que ni siquiera siento el dolor, a aprendido a soportarlo algunas veces hasta he creído que el dolor me gusta.

- Si, también a veces creo que disfruto el dolor.

- El dolor en muchas ocasiones es tu compañero –dice el de la izquierda- acabas por acostúmbrate a el y hasta a disfrutarlo, pienso que si no fuera por eso quizá terminarías completamente loco. Muchas veces no entiendo lo que me pasa, algunos días estoy bien y sin mas de repente comienzo a sentir deseos de llorar, otras incluso me invade mucha rabia. Algunas veces veo a la gente como se siente feliz, mientras yo estoy solo, y me pregunto ¿Por qué es así, mientras ellos son felices yo debo estar solo?, antes intentaba acercarme a ellos, pero nunca nadie me acepto, siempre me rechazaron, decía que yo era malo.

- Algunas ocasiones –dice el de la derecha- miro a la gente, como son, como se conducen, como viven, y me pregunto ¿Por qué debo pasar yo por esto? ¿Por qué tengo que vivir yo esto? Y llego a pensar que no es justo, yo que me he esforzado tanto por mi mismo, que me esmero en mi persona y que trato de agradar a mi padre y que tenga que pasar por esto y ellos no.

- Si recuerdo –le dice el de la izquierda- que te las viste difícil en el desierto, casi claudicas.

- Fue algo muy duro, en ese momento senti temor, mucho miedo, tristeza, angustia, dolor, coraje por todos los que me han hecho a un lado, temor por lo que tengo que vivir, dolor por mi vida, ira contra todos, y es que ¿Por qué tiene que ser asi? ¿Por qué yo debo sufrir y padecer todo esto y ellos no? Algunas veces incluso llegue a sentir envidia del pastor que se sienta y no tiene que pensar en lo que yo pienso, en las personas que no deben padecer lo que yo padezco.

- Si tambien siento envidia –dice la chiquilla- de esas personas que lo tienen todo, y que no han sufrido lo que yo, que no tienen un papa que los golpee, que sus papas les dan todo, que no han tenido que trabajar, que no han tenido que develarse como yo.

- y te preguntas ¿Por qué? –interrumpe el de la izquierda- ¿no es asi?, yo tambien me lo he preguntado, me equivoque una vez y lo he tenido que pagar muy caro, se me han cobrado muy caro mis ideas distintas, o que mis ideas y mis sentimientos sean distintas a las de los demas. Duele el darte cuenta de que a veces el mundo no es lugar para ti, pero que aun asi tienes que estar ahí.

- Asi es –dice el de la derecha- duele darte cuenta de que a veces el mundo no es lugar para ti, el sentirte que no encajas, pero que aun asi debes estar ahí, por eso este refugio alivia, donde no tienes que ser aceptado por nadie y puedes estar en total tranquilidad.

- A veces –prosigue el de la izquierda- no puedo evitar resentirme contra ese mundo pero lo que me alivia es precisamente pensar que yo no pertenezco a ese mundo hipócrita, y que mi mundo es mejor, quiza es solo para mi, pero es mejor que ese podrido mundo.

- Tambien me alivia pensar –continua el de la derecha- que no estare mucho tiempo en este mundo y que las cosas que me vienen son mejor, solo debo aguantar un poco más, soportar un poco para ganarme mi gloria, aunque a veces creo que no podre logarlo, a veces el dolor, la ira, el temor son muy agudos y creo que no lo lograre, sin embargo sé que cuando este a punto de reventar lo lograre, cuando el dolor, la ira y el temor se acercan al climax es porque estan a punto de terminar. ¿tú que piensas pequeña?

- No se, tambien a veces siento que no puedo más, que me voy a volver loca y me pregunto ¿hasta cuando va a terminar, hasta cuando?

- Yo me pregunto ¿ cuanto seré capaz de soportar?

-Tras un silencio los tres se abrazaron y lloraron-

 - Ya debo marcharme, creo que me siento un poco más repuesto, si no fuera por mi refugio, hace mucho que ya no hubiera aguantado, y mañana…  ahh mañana, mañana debo cargar una cruz –así dijo el de la derecha se puso en pie y salio del refugio- espero que después podamos charlar, quiero agradecerte pequeña, por escucharme y comprenderme, es magnifico que alguien te escuche, que no te exija, que no espere nada de ti, y que además pueda entenderte, te lo agradezco, por que se que siempre puedo contar contigo para que me escuches y me comprendas, ya sabes que también cuentas conmigo, para escucharte y comprenderte.

- No debes agradecer nada, puedes contar conmigo, también gracias por escucharme y entenderme, eso es suficiente, es a veces todo lo que necesito. También debo irme –hablaba la  pequeña mientras se ponía en pie- ¿tu no te vas? –le pregunto al de la izquierda-.

- No aquí me quedo, además… ¿A dónde podría ir?

- Esta bien, espero que estés bien; Adiós.

-La pequeña se dispuso a salir del refugio, de repente escucho un gemido y dio la vuelta, se dio cuenta de que en el refugio en una de la esquinas estaba un hombre que había escuchado toda su conversación y que ahora lloraba, sus ojos se habían acostumbrado a la oscuridad aun así le resultaba difícil distinguir el rostro del hombre, así que se acerco un poco para ver quien mas estaba en el refugio, cuando estuvo lo suficientemente cerca, se quedo preedificada de la sorpresa y rompió en llanto pues aquel hombre era…

        ¡Su padre!

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 Fecha de actualización-Miércoles, 05 de Septiembre de 2007

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